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SEÑALES, MITOS Y MANEJO DEL ENOJO


El enojo es una emoción básica y una respuesta natural a las situaciones en las cuales nos sentimos amenazados, creemos que estamos a riesgo de sufrir daños, pensamos que otra persona nos ha causado daño innecesariamente, o cuando pensamos que alguien está sufriendo. Así mismo, el enojo puede originarse de la frustración cuando nuestras necesidades, deseos y metas no se están cumpliendo.

Algunas señales de enojo

Señales fisiológicas: Las señales fisiológicas se relacionan con la manera en que el cuerpo responde cuando se siente enojo. Por ejemplo, el ritmo cardíaco puede acelerarse, pueden sentirse opresión en el pecho, o sentirse acalorado y enrojecido.

Señales conductuales: Las señales conductuales son las acciones que se presentan cuando se siente enojo (apretar los puños, caminar nervioso, cerrar puertas con fuerza o alzar la voz).

Señales emocionales: Las señales emocionales se relacionan con otros sentimientos que pueden ocurrir de manera simultánea con su enojo. Por ejemplo, se puede sentir enojo cuando se siente abandonado, asustado, ignorado, culpable, humillado, impaciente, inseguro, celoso, o rechazado.

Señales cognitivas: Se relacionan con pensamientos que surgen como respuesta a situaciones que provocan enojo. Cuando alguien siente enojo, puede interpretar las situaciones de cierta manera. Por ejemplo, se pueden interpretar el comentario de una persona como una crítica, o se puede interpretar que las acciones de otros están dirigidas a rebajarlo, humillarlo o controlarlo. Para las personas con problemas de enojo, este “lenguaje interno” presenta normalmente un tono y contenido muy crítico y hostil, refleja cómo estas personas piensan que el mundo debería ser.

Hablar del enojo es importante, pues al ser una emoción primaria que todos experimentamos, es importante saber cómo manejarla empezando por señalar algunas creencias falsas de esta emoción:

Mito 1: El enojo es hereditario. Un error o mito común acerca del enojo es que la manera de expresar el enojo no se puede cambiar. A veces es posible oír que alguien dice: “Yo heredé mi enojo de mi padre”. Esta afirmación implica que la expresión del enojo es un conjunto de conductas fijas e inalterables, lo que difiere de lo que señala la evidencia científica que demuestra que la expresión del enojo de manera apropiada o inapropiada es una conducta aprendida. Está demostrado que gran parte de la conducta humana se aprende al observar a otros, particularmente a personas que ejercen influencia, como los padres, miembros de la familia y amigos.

Mito 2: El enojo conduce automáticamente a la agresión. El enojo no lleva necesariamente a la agresión. De hecho, el manejo eficaz del enojo implica controlar la intensificación del enojo mediante el aprendizaje de habilidades sociales al ejercer asertividad, la modificación de los pensamientos negativos, hostiles y/o irracionales, y la utilización de una variedad de estrategias conductuales.

Mito 3: Tenemos que ser agresivos para conseguir lo que queremos. Muchas personas confunden la asertividad con la agresión. La meta de la agresión es dominar, intimidar, dañar, o lesionar a otra persona; es lograr ganar cueste lo que cueste. Por el contrario, la meta de la asertividad es expresar los sentimientos de enojo de un modo respetuoso hacia otras personas.

Mito 4: Siempre es deseable expresar el enojo. Durante muchos años, la creencia popular entre profesionales en el área de la salud física y mental y entre la gente en general era que la expresión agresiva del enojo, como gritar o pegarle a la almohada, era terapéutica y saludable. Los estudios de investigación han encontrado, que expresar el enojo de una manera agresiva refuerza la conducta agresiva.

Mito 5: Para poder conseguir algo es conveniente expresar enojo y agresión: A veces se cree que enojarse ayuda a poder manipular y controlar a los demás a través de la conducta amenazadora o agresiva; otros pueden hacer caso a las demandas de una persona porque temen sus amenazas verbales o su violencia. Otra recompensa es el alivio de la tensión que se produce cuando se pierde el control y se actúa con agresividad.

Aunque es posible que una persona se sienta mejor después de una explosión de enojo, es muy probable que todos los demás se sientan peor. A largo plazo, sin embargo, estas recompensas iniciales conducen a consecuencias negativas. Por esta razón se las llama recompensas “aparentes”, ya que las consecuencias negativas a largo plazo superan ampliamente las ganancias de corto plazo.

¿Por qué sería importante manejar el enojo?

Porque a través de los mitos identificamos que la manera como respondemos a nuestro enojo es aprendida y por lo tanto se puede mejorar; trae mejores consecuencias cuando no se agrede y se es asertivo; y aunque parece reconfortante a corto plazo al poder “controlar” una situación, a largo plazo trae consecuencias muy negativas y no permite adaptarnos bien socialmente.

¿Qué hacer cuando ya no podemos controlar nuestro enojo?

· Habla de cómo te sientes con un amigo o familiar de confianza que no haya estado envuelto en la situación que te provocó enojo.

· Tómate un tiempo fuera cuando estés muy molesto, recuerda las veces en que enojado hiciste cosas que no deseabas hacer y mejor abandona la situación que te genera malestar.

· Haz ejercicio para liberar la tensión de su cuerpo.

· Si percibes el enojo como incontrolable, acércate a la Clínica Psicológica Cuéntame, nuestros profesionales podrán ayudarte a que manejes tu enojo de manera que lo puedas expresar, sin lastimar o faltar el respeto a otros.

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